Interpretar a los Jóvenes para poder acompañarlos y trasmitirles la trascendencia de su accionar no fue ni será simple. Sobre todo a aquellos que, por su pertenencia ideológica, acostumbran a tamizar sentido y contrasentido de lo que se expresa. Ellos enfrentan, hoy, el desafío de promover su propio desarrollo gestando un cambio profundo que sólo ellos pueden inducir y propiciar.
Realidad que merece su atención
Hay 9.423.580 jóvenes argentinos de entre 15 y 29 años. Es inmensa la cantidad de jóvenes excluidos, que no estudian ni trabajan. Seis de cada diez de estos chicos y chicas, cinco millones y medio, viven -o sobreviven- en condiciones que definen la pobreza juvenil (1).
Los excluidos no logran formar parte de proyectos en el presente y son vulnerables para construir un proyecto de vida. Esto los condena a un estancamiento que frustra sus planes vitales y el desarrollo de sus capacidades.
La pobreza es el principal problema que enfrentan los jóvenes argentinos. Le siguen la desocupación, que golpea más al sexo femenino, y la exclusión social, la deserción en la escuela secundaria y el embarazo adolescente (anualmente más de 3000 partos de niñas menores de 15 años de edad).
Es esencial analizar la pobreza desde las capacidades individuales para generar un flujo de recursos. No encararla, solamente, con el suministro de recursos paliativos sino que, además, y esto es esencial, brindando la capacitación para obtener autónomamente esos medios. Políticas orientadas a la conclusión del ciclo educativo, capacitación en oficios, estudio de nuevas tecnologías y acceso a trabajos vinculados con proyectos educativos.
Otro gran desafío es la generación de fuentes de trabajo. Su falta destruye la sociedad. Muchos jóvenes son parte de una tercera generación de desocupados con una débil transmisión intergeneracional de la "cultura del trabajo" que afecta sus expectativas. La exclusión laboral se presenta insoportable cuando se la compara con las expectativas de movilidad social de la inclusión educativa,”
En los jóvenes de sectores populares la inseguridad es un problema relevante. La discriminación es acuciante para los jóvenes excluidos. El color de piel, apariencia, vestimenta o lugar de residencia son factores de diferenciación. La discriminación imposibilita obtener trabajo y acentúa las condiciones causales de pobreza.
Transformar la realidad
Los jóvenes, por sus condiciones y naturaleza vital, son protagonistas sociales primordiales (1). Por sus prácticas y subjetividades son actores centrales de su propio desarrollo y el de toda la sociedad porque:
- su heterogeneidad social y diversidad cultural son decisivos en la innovación, el conocimiento y cambios comunicacionales en los espacios públicos, en la sociabilidad y el desarrollo.
- en este mundo digital, los jóvenes son productores y manejan con naturalidad ese entorno de tecno-sociabilidad. Desde allí se comunican y se organizan.
- introducen demandas de equidad y participación generando formas culturales novedosas de hacer política con acciones específicas y concretas, sin relatos ni viejas historias.
- combinan experiencias de sus padres con formas innovadoras de concebir la vida cotidiana.
- reconocen la inseguridad y la violencia como problemas sin renunciar a los espacios públicos creando estrategias de protección colectiva” (1).
Pertenencia ideológica
La Unión Cívica Radical es el único partido político que institucionaliza la participación de jóvenes argentinos dentro de su organización. Ellos enfrentan el desafío social y político de promover el desarrollo de la juventud. Deben prepararse como reserva transformadora de la realidad para mejorar la sociedad y canalizar inquietudes de amplios sectores juveniles (2).
Se saben herederos de generaciones que han fracasado en la administración pública. Demandan reglas claras a sus dirigentes y una correlación estrecha entre institucionalidad y valores éticos-morales.
Están disconformes. Saben lo que quieren y no quieren lo que hay. Rechazan una dirigencia patéticamente dividida, repudian sus prácticas conservadoras camufladas de progresismo y a dirigentes de palabras sin sustancia. Anhelan paz e institucionalidad pues saben que solo ellas aportarán soluciones sustentables en el tiempo.
La JR deberá explorar los caminos para que los jóvenes -con su diversidad social, cultural y política- puedan expandir sus libertades y capacidades relacionadas con los componentes institucionales, productivos, distributivos y ecológicos.
Las mujeres serán protagonistas del cambio por su mayor disposición: 7 de cada 10 mujeres ya han participado en, al menos, una acción política o social (4). Debemos impulsar políticas de protección a los hogares monoparentales, en especial los de jefatura femenina y sobre los efectos de la maternidad en el mercado de trabajo de las jóvenes.
Sí, los jóvenes radicales – y todos los jóvenes argentinos- enfrentan grandes desafíos. Allí estaremos, prestos a mancomunarnos.
(1) Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo;
(2) E. Ruda;
(3) S.Kovladoff;
(4) F. Calderón
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