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17.07.1987  |  EL DIARIO de Paraná
La moral del político
 

Es frecuente escuchar algunos calificativos no muy gratificantes sobre “la política” y “los políticos”.  Los críticos fundamentan sus afirmaciones en desviaciones que, de la conducta, han hecho algunos políticos en la historia del manejo de nuestra administración pública. Los críticos fundamentan sus afirmaciones en desviaciones que, de la conducta, han hecho algunos políticos en la historia del manejo de nuestra administración pública. Los políticos reaccionan, ante estos calificativos, en forma defensiva y con estilo que tienen cierto tufillo corporativo atribuyendo este sentimiento de gran parte de la población, a la propaganda “antipolíticos” realizadas durante la pasada dictadura militar. Ambos enfoques tiene suficientes elementos de razón como para forzar una distorsión de la realidad.

La sociedad debe reconocer que los políticos nacen de su seno. Los políticos deben aceptar que la propaganda no puede crear un sentimiento inexistente, solo lo puede exacerbar SI ESTE YA EXISTE. De todas formas este suceso es una realidad generadora de un clima que retarde el afianzamiento de las instituciones democráticas.

Que nuestra aseveración es valida, no escapa al menor de los iniciados, el diario BOSTON GLOBE, de EEUU, con motivo de la asonada militar de la pasada Semana Santa, editorializaba el 21/4/87 “…la desconfianza de los argentinos para con los políticos… es demasiado profunda como para haber desaparecido” (1) y por otro lado D. Poleman publica en el NEW YORK TIMES “Los argentinos desean la democracia, pero no están seguros que puedan  darse el lujo de ella.

Si la democracia no es capaz de funcionar, los argentinos pueden intentar algo distinto, como antes” (2). Para ellos una verdadera democracia nunca fue un estilo de vida sino que ha sido una forma alternativa de gobierno. Si la democracia no es capaz de funcionar, los argentinos pueden intentar algo distinto, como antes.” Si estas afirmaciones son ciertas, la reconciliación del político con nuestra sociedad se torna imperativa y de una importancia decisiva.

La sociedad debe comprender el medio de violencia, como factor de riesgo profesional, en que se desenvuelve el político. En el aspecto técnico el ámbito de la acción política es el conflicto del reparto de cargas y beneficios. Para su solución el político se ve obligado a sacrificar intereses individuales en áreas de otros intereses individuales y/o sociales. Ello genera la violencia.

¿Debemos entonces, aceptar que las acciones del político deben ser juzgadas con juicio de valor moral publico distinto al de la moral privada que rige la conducta del ciudadano común?

Es bueno revisar algunos antecedentes al respecto. Hace 400 años N. Maquiavelo, enseñando a no ser bueno para ser buen político, afirmaba que,  “… una persona que siempre quisiera lo bueno fatalmente fracasaría en medio de tantas personas que no son buenas. Por lo tanto, un soberano que desee imponerse tiene que educarse a fin de tener la capacidad de no actuar exclusivamente de acuerdo a las leyes morales…” (3) Max Weber, sociólogo alemán afirmaba que “… no es verdad que de lo bueno solo puede salir lo bueno y de lo malo solo lo malo, sino a menudo lo inverso. Quien no comprenda esto, es, en realidad, políticamente un niño.”

Ortega y Gasset al discurrir sobre el “grande hombre  político” escribió que “si se quieren grandes hombres, no se les pidan virtudes cotidiana”. “No acusemos, pues, de inmoralidad al gran político. En vez de ello, digamos que le falta escrupulosidad”

Siguiendo a Maquivelo y Weber, el político tendría que atenerse a la realidad humana tal  cual es y no como debería ser. Así: “…como la gente es corrupta, el político que desea agradarle tiene que adecuarse a ella: un compartimiento según principios morales es solo perjudicial” (2).

La política se regiría, entonces, por reglas especificas profesionales. Partiendo de que la sociedad no es buena el político, resguardándose en su moral profesional, haría moralmente aceptable todo lo que sirve el efecto inmediato de la opinión pública: falsas promesas, mentiras, acusaciones calumniosas, programas insensatos, etc.

La hipótesis precedente se apoya en argumentos –la moral profesional- cuyo análisis hace difícil su aceptación. En este sentido las normas llamadas profesionales no pueden justificar ni privilegiar desviaciones de la moral ordinaria. La obligación del medico de guardar secreto profesional es una obligación  que esta dirigida a un determinado paciente y no “una obligación general con respecto a la sociedad general o con respecto a futuros pacientes”.

El poder de justificación moral de la obediencia de órdenes superiores como obligación profesional en el militar, es mucho más reducido de lo que puede suponerse.

Entonces la moral adquirida o profesional NO LIBERA A NADIE, tampoco al político, de las obligaciones con respecto de la moral ordinaria.

El político suele justificar sus decisiones en las “razones de estado” o en las  “elecciones trágicas”, sin embargo ni las razones de estado ni las elecciones trágicas son justificativos amorales sino que ellos también deben ajustarse a juicio de valore o razonamiento con criterios morales.

Podemos afirmar entonces que si bien en el plano de lo “bueno técnico” el fin justifica los medios, en el plano de lo moral difícilmente esta afirmación pueda aceptarse como principio. Esto tiene especial referencia al político porque el utiliza, como medios, elementos técnicos que modifican la vida humana.

Rechazamos, así sin ambigüedades el razonamiento que nos hable de juicio de valores morales como código de ética profesional –de cualquier profesión- que sea distinto del código de la moral privada u ordinaria.                                 

Ciertas obligaciones ADICIONALES a un grupo de personas y OTRAS OBLIGACIONES a OTRAS según la distinta función   es social que cumplan.

CONCLUSION

LA POLITICA es el camino valido mas importante que nos permite transformar, mejorando, la realidad en que vivimos.

LA SOCIEDAD debe comprender que el político  soporta como  riesgo profesional un ámbito de violencia.

EL POLITICO debe tener presente que los destinatarios de sus acciones son personas. Ese reconocimiento de la personalidad le prohíbe tratarlos como medios para la obtención o conservación de bienes distribuibles.

LA SOCIEDAD ha de comprender que en la decisión política algunos intereses habrán de sacrificarse en áreas de otros, no siendo posible sastifacer siempre todos.

EL POLITICO no habrá de sacrificar el bien moral de un INDIVIDUO en áreas de otro bien moral equivalente. “el respeto al “PLAN DE VIDA INDIVIDUAL es uno de los imperativos de la ética política”. (2)

LA SOCIEDAD no puede negar la realidad humana individual y social. Maquiavelo tenia razón cuando afirmaba que el político tiene que tomar a los hombres como son y no perder las circunstancias políticas.

EL POLITICO debe saber, sin embargo, que los conocimientos actuales ponen en duda el egoísmo humano y sostiene la “vía de la benevolencia” y “la Cooperación” como forma de asegurar la supervivencia de la persona.

LA SOCIEDAD debe comprender que, en la solución del problema actual, en mayor medida de lo que cree o conoce, el político debe, entre dos males, optar por el menor y no entre lo bueno y lo malo.

EL PROYECTO POLITICO es el acto por excelencia que mas influye sobre el destino de la sociedad y al cual el político con mayor cuidado debe tratar. UN PROYECTO vinculado a lo ético no habrá de contradecir nunca las reglas del juego de la sociedad: LA CONSTITUCION NACIONAL que expresamente reconoce los derechos de CADA UNO es decir los DERECHOS INDIVIDUALES o derechos civiles. UNPROYECTO que niega la libertad es inmoral. La libertad es condición indispensable de la existencia de todo o virtud. No hay justicia sin libertad.

No hay bueno ni malo sin un hombre libre que lo pueda juzgar. No es posible hablar de moral, de participación, de solidaridad sin libertad. Ni siquiera de igualdad. Si en un proyecto hay que optar, LA LIBERTAD debe ser siempre preferida por SOBRE LA IGUALDAD.

Para que el político no sea, a la postre, el acusante directo de la perdida –nuevamente?- de nuestra incipiente democracia, deberá tener siempre presente las conclusiones de Erick Fromm respecto del deslizamiento de los pueblos hacia los regimenes totalitarios: “…la carencia de posibilidades para la REALIZACION POSITIVA DE LA LIBERTAD Y DE LA INDIVIDUALIDAD ha conducido a la huida pánico de la libertad y a la adquisición, en su lugar, de nuevas cadenas o, por lo menos, de una actitud de completa indiferencia.” (4)

EL POLITICO, la clase dirigente, debe reflexionar profundamente sobre estos temas, por sus incuestionables responsabilidades que les cabe en al historia pasada y, sobre todo, en la historia que vendrá.

 

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