Lo que algunos periódicos capitalinos han relegado a sus páginas interiores, nuestro EL DIARIO del 25/2/88 le ha dado la trascendencia de su primera página. Es que es realmente importante el documento que acaban de suscribir los partidos Justicialistas, Demócrata Cristiano, Intransigente y Socialista Popular, el cual entre otras cosas, propicia la reforma de la Constitución Nacional. Así de importante son también, para todo argentino, los comentarios que, de ese documento, realiza uno de sus suscriptores y jefe del PJ, Antonio Cafiero.
Muchas veces, entre líneas, se dicen cosas que el lector recibe pasivamente e incluso, las “asimila” sin análisis, siendo que importan juicios erróneos de extrema gravedad.
El Sr. Cafiero afirma que nuestra Constitución Nacional privilegia a los sectores del “establishment”y que la reforma constitucional que él propone “a esta altura del siglo XX no va a ser una de corte liberal como fue la del siglo pasado”, porque quiere “también introducir el factor de justicia” y adolece de un “corte liberal”.
Mucho sufrimiento costo a nuestro pueblo superar algunas antinomias del pasado y los justicialistas son los primeros, con justicia, en señalarlo. Ahora resulta que el Sr Cafiero pretende crear una nueva antinomia: justicialista o liberal, en lo cual, para colmo de desgracia, es acompañado –algunas veces- por las opiniones de los conspicuos voceros de algunos llamados “partidos mayoritarios y populares”.
Pero, ¿ qué es liberalismo?. No es una mera ideología sostenida mediante “ideas fuerza”o, demagógicamente, por grupos de poder como pretende insinuar dicha declaración.
El liberalismo es una corriente filosófica que va mas allá de cualquier ideología partidaria. Es inherente a la esencia misma del hombre. Es la expresión última y razonada del duro y largo aprendizaje que el hombre ha debido transcurrir para la paulatina obtención de su libertad. El origen de este aprendizaje –no exento de luchas cruentas- lo podemos rastrear ya en la Edad Media cuando el hombre, cultural e intelectualmente subyugado y semiesclavizado, a los poderes feudales, comienza tímidamente a interrogarse sobre su libertad.
En esta larga evolución del hombre, éste, tras la conquista de su libertad, necesito –además- imponer limites al poder del Estado”dando comienzo así, también, al sentido de la democracia que en su devenir se hermana indisolublemente con su libertad. Hace pocos días, después de más de 500 o 600 anos de aprendizaje, el presidente de la UNESCO ha dicho en Córdoba que “el hombre es libre de si mismo”.
Hermosa expresión que, más que una realidad, es todavía una expresión conceptual que habrá de necesitar duros esfuerzos para imponerse a nuestra realidad como bien universal. Sin embargo, esta modernísima expresión esta contenida en la esencia de nuestra Constitución Nacional hace ya mucho más de un siglo.
Podemos decir también, que la expresión filosófica más moderna del liberalismo es la necesidad de la organización social de la libertad pero, para nuestro regocijo, el contenido de esta flamante expresión, es también materia intrínseca de la esencia de nuestra Constitución Nacional.
Sin embargo el liberalismo de nuestra Constitución Nacional ha sido desvirtuado. Desde diciembre de 1983 hemos vuelto nuevamente a gozar de las libertades culturales y políticas pero, ellas están expestuas a perderse ante la imposición de un Estado totalitario que opera mediante una maraña de leyes desde hace casi 50 años, cercenando nuestras libertades de decisión. Esas leyes, no siempre constitucionales, han facilitado el sobredimensionamiento y centralización del Estado que todo lo rige restringiendo permanentemente la libertad de “los comportamientos humanos”.
El liberalismo es una concepción –desde sus orígenes- dinámica y progresista y tan moderno e incontrastable es que, en su enfoque económico, lo usa tanto la derecha –caso Pinochet en Chile- como la izquierda –caso socialismo de Felipe González en España o Mitterrand en Francia o en Italia. Sin embargo, el liberalismo no puede coexistir con los totalitarismos, sean de derecha o de izquierda, porque ellos niegan lo sustancial del hombre como persona encasillándolo, uno en un sistema corporativo y otro, en un sistema colectivo que niegan su esencia de libertad.
Alfonsín siguiendo, tal vez, los pasos de Mitterrand en Francia, cambia su enfoque económico por uno más liberal y así lo expresa en su discurso de Parque Norte en 1985; no obstante la maraña de leyes y los intereses facciosos lentifican la puesta en práctica de esas ideas de tal manera que, recién hoy, se insinúan.
Angeloz, quien –con éxito- lo puso en práctica en Córdoba, seguramente lo llevará también a la practica desde la Presidencia de la Nación.
Es de esperar que nuestros dirigentes cesen en su lucha egoísta por el poder, de usar recursos demagógicos de cualquier calibre.
Deben comprometerse, cuando menos en respetar la claridad conceptual de la Constitución Nacional.
Decir de nuestra Constitución Nacional que es la Constitución del “establishment” es inaceptable.
Si podemos decir que el “establishment” de los dirigentes de “siempre” –que los hay en todos los órdenes de la vida argentina- la ha deformado sistemáticamente. Y si no es así, meditemos por qué estamos como estamos... tal parece que en muchos partidos sucede lo mismo... y por las dudas recuerdo que Irigoyen dijo “Mi proyecto es la Constitución”.
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