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17.03.2003  |  EL DIARIO de Paraná
La renovación de los Partidos Políticos
 

La gente, los argentinos, queremos una renovación de la política. Que cambien los conservadores de las viejas costumbres, de las ideologías populistas. Ricardo Alfonsín ha pedido que “ se vayan (del partido) todos los afiliados que voten por Carrió o López Murphy”. Resulta llamativo lo de este viejo partidario que lo expresó en defensa de la candidatura de uno de sus discípulos, también de la vieja política.

El candidato fue elegido en comicios internos que no se condicen con la tradición de la UCR y no conforman a muchos – o a la mayoría- de los partidarios.

Ni el Sr. Candidato ni el Sr. Ex Presidente pueden arrogarse el derecho ético o moral de pedir a los afiliados que se vayan. Vaya tamaña insensatez.

Las renovaciones en la UCR: como afiliado desde hace más de 45 años , participé de dos renovaciones y nos aprestamos a conocer la tercera.

La primera renovación, a favor de Don Arturo Frondizi, fue un éxito por las enseñanzas que legó, tanto para la Nación como para el radicalismo. Frondizi es, posiblemente, el único estadista que ha tenido la Argentina en los últimos 85 años, después de otro grande, Don Marcelo T de Alvear.

En la segunda renovación, larga e intensa, desde el 1973 al 1983, llevó a la Presidencia a Raúl Alfonsín. Defendió la democracia, pero se engolosinó con la idea de liderar el “tercer movimiento”- Irigoyen el primero y Perón el segundo- , como se lo hicieron creer sus jóvenes discípulos de aquel entonces. Llevó  a la CGT al  Ministerio de Trabajo y se equivocó apostando al populismo. Así fabricó su propio fracaso final pero, lamentablemente, también uno más de la República.

La tercera renovación ya está en marcha y desde hace casi un año las apuestas son con López Murphy. Ojalá que, como con Frondizi, ésta sea un éxito. Que no se equivoque y que demuestre su capacidad intelectual de conducir el país con libertad, con educación y con justicia social, sin populismos, sin corrupción y sin renunciar nunca a los valores ético-morales de la Nación. Ni más ni menos que lo que pedimos a todos los políticos de esta bendita tierra.

Los partidos políticos son meros instrumentos cuyo fin supremo es el bien de la República. Tanto los medios que los partidos utilicen como los fines que persiguen deben concordar con los supremos valores morales y éticos de la Nación.

Lamentablemente, aún las organizaciones más excelsas, están expuestas a las características de las personas que las dirigen. Los argentinos deberíamos seguir las ideas y apostar a aquellas personas y organizaciones que concuerdan con estos valores y no con quienes, circunstancialmente, son dueños de su conducción.

Los valores ético-morales y la República están por encima de los paridos políticos que son nada más que instituciones subsidiarias.

 

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