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21.09.2003  |  EL DIARIO de Paraná
De género y sexos
 

Estamos en medio de radicales cambios culturales, aparentemente irreversibles. La globalización acelera e introduce estos cambios, aunque no con la misma celeridad en todos lados.

Esta dinámica socio-cultural ha generado, supuestamente, ciertos vacíos que inducen al empleo del término “género” en un contexto sexual diferente.

Su uso arbitrario ha llevado a relacionarlo, en forma eufemística, con cosas tan diferentes como la homosexualidad, la liberación o la dignificación.

La naturaleza de este tema ha desatado, en nuestra gente, “pasiones cruzadas” que parecen apuntar más a una finalidad ideológica, por la conquista del poder moral, que a una real necesidad social.

SEGÚN EL DICCIONARIO. Intentaremos, entonces, plantear esta realidad desde una posición de libertad intelectual y espiritual. Comencemos por el diccionario.

Sexo: Los organismos son clasificados como masculinos o femeninos sobre las bases de sus órganos y funciones reproductivas, cuyas peculiaridades físicas, fisiológicas y psicológicas los distingue.
Género: Se refiere a las categorías gramaticales de “masculino”, “femenino” y “neutro”.

Esta definición gramatical de “género” ha sufrido, en años recientes, por parte de un grupo de antropólogos, una reinterpretación arbitraria refiriéndola a categorías sexuales culturales o sociales.

Según sus ideas, habría un vacío en su significación pues no abarca una “condición individual interior, inconsciente, opuesta al aspecto exterior de la persona”.

Esta nueva interpretación no es aceptada por la mayoría de los antropólogos y, aún dentro de los que la usan, no hay un total acuerdo sobre su significado.

La sexualidad es tan abarcativa del ser humano que, prácticamente, impregna todos los rincones de su personalidad. Pretender escribir y explicar ciertos hechos suele ser arduo y, casi siempre, irritante para alguien, aunque uno no lo quiera. Sin embargo, vale el riesgo intentarlo.

CONSERVAR LA ESPECIE. No resulta fácil contestar por qué estamos aquí en la Tierra. Lo que sí podemos interpretar es para qué estamos. Si nos remontamos más de 400 millones de años, a los orígenes de la vida, podremos ver, desde el primer ser viviente, que el mandato original ha sido siempre la conservación de la especie.

La especie humana se puso de pie, y comenzó a caminar, recién hace algo más de 100.000 años, nada más. Su evolución, cuidado y conservación se dio únicamente por el mandato de la unión de los sexos, de un hombre y una mujer, que conforma la moral natural del hombre.
Los importantes avances de la genética no han aportado ningún elemento biológico que apoye la idea de otra condición sexual.

El varón homosexual es un ser masculino y la mujer homosexual, un ser femenino. De ahí que la redefinición que se quiere hacer de la palabra “género” sea una entelequia que nada tiene que ver con la mujer ni con el varón, cualquiera sea la forma de sus preferencias sexuales.

La realidad social también debe tratarse sin eufemismos ni entelequias. La homosexualidad en el ser humano es tan vieja como las referencias históricas que podamos consultar.

Ninguna ciencia nos puede explicar aún por qué la homosexualidad es una expresión, aunque minoritaria, de la humanidad.

Nuestra sociedad se ha construido a sí misma tolerante y pluralista sin reñir de su identidad cultural. Consiente en su seno las minorías que la conforman y acepta la homosexualidad, como necesidad de amor, desde los diferentes aspectos legales y socio-culturales.

La Constitución Nacional considera que las conductas privadas de las personas, vinculadas con sus preferencias sexuales, deben quedar reservadas estrictamente a la esfera de su intimidad.

Desde lo cultural la sociedad la admite, cuidando que no interfiera con la necesidad de la unión de un hombre y una mujer para la preservación de la vida y de la familia, en todos sus aspectos.

Es importante que, recíprocamente, también las minorías acepten, sin intentar distorsionar por vía indirecta, la organización cultural o familiar que la legislación y la moral natural reconoce como base de la estructura social.

ACEPTACIÓN. Los homosexuales, como los heterosexuales, son seres humanos de plenitud y, desde la realidad de esta etapa sociocultural, debemos aceptarnos unos a otros.

Desde el respeto mutuo, sin imposiciones extemporáneas por un lado ni discriminaciones por el otro.
Científicamente no existe ningún parámetro que nos asegure que nuestra especie ha terminado su evolución. Sin embargo, es imposible que la moral natural cambie, sería un suicidio de la humanidad.
Mientras tanto, mientras vamos aprendiendo de nosotros mismos, la aceptación de unos y otros debe construirse sin pausas.

La verdad siempre es limitada y perfectible. No debe ser impuesta sino propuesta para que el otro la acepte responsablemente, sin egoísmos personales ni de grupos.

Sin entelequias ni eufemismos, únicamente con amor construiremos una sociedad mejor y fortaleceremos nuestra libertad espiritual.

Desde la concepción de que el Hombre debe ser sagrado para el Hombre.

 

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