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18.04.2007  |  EL DIARIO de Paraná
La UCR, su identidad y la sociedad
 

La Unión Cívica Radical ha publicado recientemente, en EL DIARIO, su autocrítica relacionada con los últimos resultados electorales destacando, como causales, diferentes factores externos al mismo partido. Si bien esos factores muestran parte de la realidad política, las causas primeras de la pérdida del apoyo ciudadano (descenso paulatino del 35 % histórico al 19 % actual), deberán buscarse en las constantes intrínsecas del mismo partido donde, seguramente, radican.

Para entender la realidad partidaria actual es necesario reflexionar sobre los fines y los valores que constituyeron, en su devenir histórico, los cimientos del sustento popular a la UCR.

Es que la sociedad intuye como imprescindibles, para su supervivencia y su organización, la preservación de determinados valores fundamentales que, en realidad, “no son públicos ni privados: son de todos los hombres y de todos los pueblos” : la libertad, los principios constitucionales, la garantía de los derechos individuales, el respeto por las leyes, la justicia, la educación y la defensa de los trabajadores y productores a cuya cultura del esfuerzo y del progreso social, aspiró a incorporar en una sociedad del conocimiento, pero, sobre todo, preservar e imponer valores éticos y morales en el ejercicio de las funciones políticas.

FALTA DE CONVICCIÓN. Las instituciones políticas son, formalmente, organizaciones casi sin fisuras. Sin embargo, su credibilidad social dependerá del ejercicio público ético-moral de sus conductores. Es en el accionar histórico de sus dirigentes y de aquellos que, por sus funciones, representaron al partido en la vida pública de las últimas décadas, donde deberán buscarse las causas del alejamiento progresivo de la gente, de su gente. La pérdida de la convicción en los principios éticos, principal sostén de la UCR, se proyecta a la sociedad e incide directamente en las decisiones ciudadanas.

Por esa falta de convicción de algunos dirigentes en sus propios postulados, la UCR no puede, no debe, volver a perder a dirigentes capaces, ética y moralmente incuestionables, que enriquecían el partido y que hoy lideran un amplio espectro ideológico democrático de centro-derecha y de centro-izquierda liberales como lo son Elisa Carrió y Ricardo López Murphy.

El desorden ético-moral en el cual se desarrolla la política no invalida que ella sea una ciencia moral. Su práctica exige conductas y actitudes transparentes, y toda trasgresión perturba su entorno y provoca la pérdida organizacional del partido con el desconcierto y desmembramiento consecuente de sus funcionarios quienes quedan expuestos a los vaivenes de la realidad que algunos, los más convencidos de esos valores, soportan con estoicismo y dignidad.

LA IMPORTANCIA DE LA UCR.
En su confusión institucional el radicalismo cedió sus propios principios de valores e intentó mimetizarse con otras prácticas partidarias para competir en otros espacios ciudadanos. Si bien esto ya comenzó con la idea “juvenil” del tercer movimiento, del gobierno alfonsinista, su persistencia ocasionó doble perjuicio: al mismo partido y a la República.

A la UCR porque dilapidó su identidad histórica, y sufrió las consecuentes fragmentaciones internas que amenazan su integridad. A la República porque el estado casi anárquico de un partido con arraigo, genera una democracia inestable y vacilante.

PARTIDO DE OPOSICIÓN. Ejercer la oposición implica cumplir con uno de los postulados de la misma democracia. Mantiene la institución presta a controlar el ejercicio del poder gobernante y se involucra proponiendo nuevos enfoques y soluciones. Debe demostrar capacidad para integrar y articular intereses y demandas cotidianas sin carecer de perspectiva de largo plazo aportando equilibrio a las demandas sociales. Demostrar generosidad y honestidad intelectual para apoyar lo que es correcto, sin mezquindades partidistas.

La oposición política “es imprescindible para la formación de una cultura democrática. Ella debe fiscalizar la forma de gobierno para que éste transcurra dentro de los cauces institucionales”, de respeto a las leyes y a los valores constitucionales fundamentales. Más aún en nuestro sistema político de gobierno, donde el ejecutivo es preeminente y la oposición influye limitadamente sobre él.

Pero, tal vez, lo más importante es que la forma de ser oposición, tanto por su contenido como por la modalidad de ejercerla, constituye un mensaje fuerte a la sociedad pues adelanta la forma de ser en un futuro gobierno.

Por último, consecuente con la Constitución Nacional, la UCR debe recuperar y preservar su identidad, como institución política, para el resguardo de la vitalidad en la democracia.

El partido debe organizar, ordenar y dirigir la oposición que se exprese, en forma unívoca, por el partido mismo y por sus legisladores. Será la opción más útil para llegar a la gente y construir una opinión diferente, preparando las pautas de un futuro gobierno. La recuperación de los intelectuales y de valiosos dirigentes, que se alejaron por el accionar de los personajes fuertes y por la falta de convicciones de sus dirigentes, facilitará el estudio de las áreas conflictivas y elaborar proyectos alternativos de gobierno. Es imprescindible instrumentar una escuela, independiente, de gestión política.

Se impone, entonces, volver a los valores éticos que garanticen a la sociedad una constante institucional y recupere su credibilidad.

Como anhelo, que la UCR de Entre Ríos señale el camino institucional hacia la República.

 

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