Desde el lugar de un ciudadano común, opinar sobre la Convención Constituyente resulta difícil. Sin embargo, es casi obligatorio pues, lo que en la reforma se decida, influirá decididamente sobre nuestras vidas, como lo hizo, durante 70 años, la Constitución que se desea modificar.
En realidad todos los ciudadanos somos corresponsables de la vida social y política. Debemos ser actores ante los cambios de las reglas de juego institucionales. Es inmenso el riesgo de no ocuparse de la reforma. Es que, es más importante legislar que gobernar (administrar). El legislar marca el rumbo de la vida institucional por décadas mientras que un mal ejecutivo cambia periódicamente. La sociedad debe pensar, y repensar, cómo generar, con su voto, un equilibrio ideológico que facilite el diálogo que hoy pareciera dificultarse.
NUESTRA REALIDAD. El partido gobernante es hegemónico. En las elecciones obtuvo la mayoría absoluta de los votos. Además, por la constante histórica del justicialismo, todas las divisiones y luchas por alcanzar el poder —no importa la magnitud de los hechos y sus consecuencias— no impiden que concluyan, todos, incluido los perdedores, con la sumisión total al que gana.
Este inmenso poder político del partido gobernante se evidencia irrefutablemente cuando, en la portada de EL DIARIO, un alto funcionario del mismo, expresa que él “desestimó el arribo a coincidencias con la oposición y... descartaría un camino (de coincidencias) como el que ensayaron la UCR y el justicialismo para reformar la Constitución Nacional de 1994” (1).
Qué pena.
DIÁLOGO. Si se descartan las coincidencias se rechaza el diálogo. La ausencia de diálogo implica la negación de la existencia del otro y genera intolerancia. Es que, “el que se siente humillado en algún momento se pone de pie”.
“El diálogo es el camino para encontrar la verdad”. Aunque más no fuere para reconocer, en el espejo del otro, “los propios mitos que aprisionan”. Escuchar para conocer y poder comparar los propios argumentos y enriquecerse con el pensamiento del otro.
La democracia está determinada por la cultura cívica que requiere un nivel de conocimiento y comprensión que sólo provee el diálogo. Sin diálogo se niega la democracia.
EL JUSTICIALISMO. Los principales dirigentes del Partido Justicialista de Entre Ríos tienen hoy la oportunidad histórica de dejar su impronta personal en la nueva Constitución durante años. Esta extraordinaria ocasión conlleva una gran responsabilidad. El justicialismo, como institución, deberá realizar el esfuerzo de concientizar, tal vez sólo en algunos pocos, la necesidad de cambiar apetencias particulares cortoplacistas por intereses comunes de toda la sociedad. Más allá de lo acordado en el “núcleo pétreo”, debería facilitar el diálogo enriquecedor. Como partido mayoritario debe iniciarlo, no para desistir de sus ideas, sino para aprender otras experiencias y compararse con otros razonamientos.
Por el lugar que ocupa, cuando más diálogo concite el justicialismo, mayor será su beneficio: permitirá acordar políticas básicas de Estado, acrecentar la gobernabilidad y generar una oposición constructiva durante su gobierno.
Es su oportunidad histórica generar un diálogo equilibrado entre iguales.
Que las cosas recorran un camino evitando beneficios sólo sectoriales, queda, principalmente, en las acciones equilibrante de dos instituciones. En la Unión Cívica Radical (UCR) como partido de oposición y en el periodismo independiente. También, de instituciones relacionadas con las leyes: Colegios de Abogados, de Magistrados, etc.
LA UCR. El regreso poselectoral al justicialismo de los “partidos” de Urribarri y Solanas deja a la UCR, numéricamente, como oposición por excelencia.
Es en la UCR donde recaerá, ante la sociedad, la mayor responsabilidad del control de lo que se apruebe en la reforma. Sus expresiones deberán ser la de un partido unívoco. Generará una oposición institucional no de opositores individuales y circunstanciales.
No dejará dudas en la defensa de las libertades y las instituciones de la República. Demostrar capacidad para articular intereses armonizando las demandas sociales con perspectivas de largo plazo. Honestidad intelectual para apoyar lo que es correcto, sin mezquindades partidistas.
La forma de ser oposición que implemente la UCR, por su contenido y modalidad, constituye un mensaje fuerte a la sociedad pues adelanta su forma de ser en un futuro gobierno
PERIODISMO INDEPENDIENTE. Es axiomático que el periodismo independiente está investido, por el pueblo, de un cuarto poder. Deberá ejercer plenamente su verdadero poder, con eficiencia y sin titubeos interesados, al servicio de la sociedad con el análisis, la investigación e información de la verdad.
El ejercicio de esa atribución no es sólo un derecho es, también, una obligación ética que los periodistas deben acometer, con el correspondiente correlato moral, en defensa de la sociedad que le concedió esa prerrogativa.
Por último, es de desear racionalidad política y suerte, mucha suerte, para los entrerrianos..
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