El mes de Octubre debió ser de enseñanzas en el cuidado físico de la mama en la mujer.
Sin embargo, superado lo anatómico, debemos reconocer que el valor intrínseco de la mama, tanto para la misma mujer como para el varón, conlleva tal carga emocional que supera todo análisis racional.
Por eso, la amenaza a la integridad de esta expresión corporal femenina, más allá del temor que forja toda enfermedad trascendente, genera, en esta contingencia, un profundo dolor moral tanto en la mujer como en el hombre.
Ya en los inicios de la carrera de medicina en Rosario, fines de los ´50, las primeras experiencias en técnicas quirúrgicas se realizaban en la sala de disección.
En una de esas primeras clases, abrumadoramente todos varones, un querido maestro de cirugía, Juan Bupo, intentando suavizar la tensión de sus alumnos, recitó un poema que dijo ser de autor desconocido.
Y como la realidad cultural, en un tiempo dado, se traduce mejor en la poesía que en la historia es que transcribo aquí ese poema que expresa, en plenitud, con fuerza inusitada, el sentir del hombre y, también, el de la mujer aún más allá de la vida.
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“Lección de anatomía”
Está la virgen muerta,
su desnudez sobre la loza brilla.
Yo la contemplo pálido y jadeante
mientras en mis manos tiembla el bisturí.
El profesor que la ocasión bendice
de poder explicar algo muy bueno,
a mi se acerca y con placer me dice:
hágale Ud. la amputación del seno.
Yo, que siempre guardé por la belleza
fanatismo de pobre enamorado,
perdóneme le dije con tristeza,
porque esa operación ya la he olvidado.
Se rieron de mi los compañeros,
ganó una falla mi lección concisa,
vi en la faz del maestro surcos fieros,
y en el rostro de la muerta …
una sonrisa
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