EL DIARIO, de Paraná, por segunda vez, alerta sobre las modificaciones que propone el Senado de la Provincia al proyecto de Ley Antitabaco ya aprobado por la Cámara de Diputados y cita, también, que los legisladores actuaron por “sugerencia de algunas tabacaleras” (1).
Es de suponer que el legislador siempre escucha a las partes interesadas para legislar conforme al beneficio común, sacrificando, algunas veces, intereses individuales o grupales en beneficio de toda la sociedad.
Sin embargo, el legislador debe cuidar muy bien de escuchar a todas las partes teniendo presente que él es quien representa a toda la sociedad. En ese contexto, cuando la sociedad no confluye por lamentable ausencia de sus entidades representativas (asociaciones profesionales, comerciales, ONG, etc.), y el tema lo amerita, debe apelar a la opinión de especialistas, de cuya idoneidad e imparcialidad no se pueda dudar.
Sin emprender cruzadas de sospechas morales, el Senado debería rever su decisión, aunque más no sea, leyendo investigaciones de autores de prestigio internacional y, por vecindad, de la experiencia de Uruguay.
Joaquín Barnoya y Stanton Glantz, profesores de Epidemiología del Cardiovascular Center for Tobacco Research, de la Universidad de California, en San Francisco, han publicado decenas de trabajos sobre el efecto del humo del tabaco.
Estos científicos realizaron una investigación en América Latina publicada en la revista de circulación internacional Tobacco Control (2), donde exponen resultados: “En América Latina, Philip Morris International y British American Tobacco, a través de la firma de abogados Covington & Burling, contrataron una red de profesionales, socialmente reconocidos, a través de su Latin Project, para difundir argumentos que minimicen los riesgos y los daños que produce el humo del cigarrillo en los no-fumadores e insistir en el escaso peligro de la exposición al humo del tabaco. Además, deben consumar lobbies en contra de la creación de espacios libres de humo en los lugares de trabajo y lugares públicos”.
Y, como corolario, emiten sus conclusiones: “Las estrategias utilizadas por la industria tabacalera han tenido éxito en obstaculizar el desarrollo de programas de salud pública para la protección del fumador pasivo. Los profesionales de la salud (y los legisladores) de América Latina deben ser conscientes de esta participación de las industrias tabacaleras y deben adoptar medidas para luchar contra ella y detener la epidemia de tabaquismo en América latina” (2).
En otra investigación exhaustiva sobre la influencia del humo del tabaco en fumadores pasivos, estos mismos autores comprueban que:
* Apenas a los 15 minutos de exposición, disminuye su capacidad de vasodilatación arterial coronaria que se manifiesta, clínicamente, por un aumento de rigidez de las paredes de la aorta y, consecuentemente, una elevación de la presión arterial diastólica.
* A los 20 minutos comprueban daños en las células endoteliales arteriales y disminución de los valores de HDL en sangre induciendo procesos arterioscleróticos y enfermedades cardiovasculares.
* A los 60 minutos de exposición el fumador pasivo, eleva el depósito plaquetario en las paredes arteriales con aumento del 30 % del riesgo de enfermedad cardiac.
* Los signos inflamatorios vasculares predisponentes de la arteriosclerosis aumentan en los fumadores pasivos, con mayor evidencia cuando más jóvenes son. Aumento de los procesos celulares oxidativos, disminución de antioxidantes, daño mitochondrial, resistencia a la insulina, etc. (3).
La literatura mundial cita cientos de publicaciones que avalan lo aquí expuesto.
Nuestros legisladores deberían, aunque más no sea por cercanía, leer también los contenidos de la ley antitabaco, puesta en vigencia en la República Oriental del Uruguay en 2006, y cuyas evaluaciones posteriores demostraron que “el 80 % de los uruguayos estaba de acuerdo con la medida; que el 8 % de los actuales ex fumadores habían dejado de fumar gracias a la prohibición; que el 45 % de los encuestados que seguía fumando redujeron el número de cigarrillos por el mismo motivo y que la prohibición no produjo un impacto económico negativo en bares, restaurantes y negocios en los que se prohíbe fumar” (4).
No hay excusas.
”¡Argentinos (legisladores entrerrianos) a las cosas...!”.
(1) EL DIARIO, de Paraná, edición del 19/05/2008
(2) Tobacco industry success in preventing regulation of secondhand smoke in Latin America: the “Latin Project”: Joaquin Barnoya; Stanton A. Glantz, Tobacco Control 2002;11:305-314)
(3) Cardiovascular Effects of Secondhand Smoke; Joaquin Barnoya, MD, MPH; Stanton A. Glantz, PhD: (Circulation. 2005;111:2684-2698.)
(4) La Nación, 18 de mayo de 2008
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