El significado de la prensa, como un cuarto poder en el funcionamiento de la república, es cuestionado incluso por algunos hombres de prensa.
Sin embargo, cuando vemos capitular a la mayoría parlamentaria violando la Constitución Nacional al delegar, en el Poder Ejecutivo, los poderes constitucionales que representa; cuando la Suprema Corte de Justicia no se expide sobre los temas jurídicos que afectan al funcionamiento de la República; cuando se mutila la seguridad jurídica por presión sobre los jueces; cuando la oposición es impotente porque se le cercena la esencia democrática del diálogo; cuando la ley beneficia a los amigos del poder; cuando, desde el poder central, se estimula el todos contra todos porque la ley no se cumple; cuando se atenta contra la propiedad privada, cuando se coarta la libertad, la prensa deja de ser el cuarto poder.
DEFENSA DE LA COMUNIDAD. Entonces, la prensa se transforma en el único poder con que cuenta la ciudadanía para defender sus derechos y sus libertades. Su ejercicio pleno, libre e independiente del poder de turno, es lo único que asegura a la gente la defensa de sus derechos cívicos.
Si la prensa también es sojuzgada, la sociedad perderá el único poder con capacidad de responder en nombre de la ley y la Constitución. Es que la prensa, como pilar incorruptible de la democracia, es el grito de libertad que nace desde lo más profundo, de las mismas entrañas de la sociedad que, en su voz, nunca más será acallado.
Aun en las oscuridades de las imposiciones absolutistas, la prensa, aunque bastardeada y perseguida, nunca es aniquilada gracias a la vocación republicana de periodistas independientes. Muchos ofrendan su vida en defensa de sus principios.
Sin un periodismo independiente, consustanciado con la misión de expresarse con rigor, veracidad y sin limitaciones, “ninguna nación puede avanzar hacia la consolidación de sus instituciones libres y democráticas”.
FUNCIÓN DOCENTE. El periodista se gesta desde una vocación que nace como pasión, con la íntima necesidad de informar las verdades sobre la realidad. Es una mezcla de docente e intelectual que ejerce su profesión con misticismo. Como el maestro que siente desde el aula el dolor social, el periodista percibe, desde la sociedad, el dolor cívico que intuye la pérdida de la libertad.
Es su honestidad lo que lo hace creíble e independiente
Es independiente porque desempeña su profesión emancipado de los poderes de turno, políticos, gremiales o económicos. Sus ideas son autónomas de todo beneficio espurio. Ejerce su imperiosa necesidad de informar la verdad aún a riesgo de su propia seguridad.
Es honesto porque profesa su misión libre de dogmatismos que contaminen su trabajo, con la ética y la rígida honestidad que requiere su mandato vocacional. Afronta la tarea sin renunciar a sus convicciones políticas, filosóficas o ideológicas. Nadie puede no tener una ideología. Pero, por su honestidad intelectual, no disimula sus ideas y expresa sus convicciones para que, quien lo lea o escuche, interprete sus pensamientos.
APORTE A LA DEMOCRACIA. Sin negarle algo de romanticismo, el periodista incorpora al ejercicio de la democracia un poderoso “sistema de frenos y contrafrenos” para el buen funcionamiento de la república como expresión plena y cabal de libertad. Sus convicciones cívicas lo hace temible al poder de turno que pretende cercenar, coartar y cooptar. Es que la convicción de ser periodista supera las miserias morales de los lisonjeros. Su desprecio por lo material lo hace dueño de su destino ético-moral y mentor de las conductas del poderoso de turno.
Nuestro homenaje a aquellos numerosos periodistas que, como hoy entre nosotros, permanentemente arriesgan su seguridad en defensa de nuestros derechos, de nuestras libertades.
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