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Miedo sexual masculino

No es ningún secreto que el varón es quien más miedos tiene antes y durante el acto sexual.

 El varón, a diferencia de la mujer, es muy reacio a comentar sus problemas sexuales pues siente que lo disminuyen ante los demás.

Los varones temen el sexo más que las mujeres.

El miedo a fallar está en la base de la mayoría de los problemas del deseo del varón: miedo a perder la erección, a eyacular antes de tiempo, a que el tamaño no sea suficiente, a que ella no disfrute, etc.

Miedos del varón:

  • a perder la erección,
  • a eyacular antes de tiempo,
  • a que el tamaño no sea suficiente,
  • a que ella no disfrute, etc.

Y, consecuentemente, hay que sumar el estrés, que provoca el encuentro.

Miedo sexual masculino

En el varón, la presión por tener el pene erecto es causa suficiente para impedirle entregarse de lleno a la relación. Para colmos, por la propia ansiedad, el pene pierde la erección.

Es tan fuerte el influjo del miedo que coarta las funciones sexuales e imposibilita el acceso al placer. Con ansiedad y miedo, el placer queda relegado por más que se lo intente.

El varón cree que está excitado, pero, en realidad está ansioso, tratando de cumplir con las exigencias internas, que lo aprisionan, más que en disfrutar.

Le preocupa el tamaño y la forma de su pene que ocupa siempre un lugar privilegiado en la mente del varón como en la de la mujer, aunque, el tamaño es lo menos importante en el rendimiento sexual.

El error está en que la cultura ha asumido que, a mayor longitud, mayor es la potencia sexual. “El 90% de los varones que recurre a cirugía para aumentar el tamaño de su pene –en muy pocos centímetros–, cuando llegan al quirófano… ¡tiene un miembro normal”.

Aunque muchos varones desearían tener un pene mayor, el 85% de las mujeres están satisfechas con el tamaño del miembro de su pareja. De hecho, la mujer dice sentirse más atraídas por otros rasgos físicos como los ojos, la sonrisa, la mandíbula, los músculos, etc.

Al varón le preocupa, también, lo que la mujer pueda pensar de él y teme decepcionarla de muchas maneras, con el tamaño se pene, con la apariencia de su cuerpo o con su comportamiento sexual. De ahí que, algunas veces, el hombre se siente cohibido de mostrar su cuerpo.

En contra de lo que se suele pensar, la verdadera excitación masculina no comienza en su pene, sino en su mente a partir de imágenes o pensamientos eróticos de alto contenido sexual que enciende el centro del placer que desencadena la acción.

La hormona testosterona incrementa el interés y logra que el cerebro ponga en marcha los actores de la erección.

Al igual que sucede en el cerebro femenino, durante el sexo el hombre tiende a desconectar de su cerebro los centros de alerta, de peligro y de preocupación, para llegar al climax y disfrutar de manera plena del contacto sexual. Este proceso solo se logra con un gran trabajo interior del que la mujer muchas veces ni se percata.

La activación cerebral se potencia por el contacto físico. En un contexto de excitación el mero roce envía mensajes sexuales que atraviesan el cuerpo y el cerebro.

Detrás del deseo masculino el varón suele buscar sexo para sentirse querido, para asegurarse que la relación sigue funcionando, para comprobar que, a pesar de discusiones y problemas, la relación no peligra, para equilibrar carencias, cuando se sienten frustrados porque las cosas no van bien.

El hombre de hoy sería más sentimental que sexual.

Las mujeres ya no tienen problema en buscar en el sexo un mero intercambio de placer. Ahora ella es la que pide sexo, y, el hecho de que lo diga produce cierto desasosiego en la psiquis del varón. Los roles se están intercambiando.

El hombre, al creer que se guzga su masculinidad, se siente un poco perdido, con demasiada presión.

 Hace tiempo que ha dejado de ser válido que el hombre es el que lleva la batuta en la cama.

Ahora, la mujer no acepta un papel sumiso, ahora ella tiene la palabra y al varón le toca responder

Algo está cambiando. Cada vez más varones se sueltan para transmitir sus emociones y sus sentimientos que no han aprendido a expresar con la facilidad como la mujer lo hace y el sexo sueles ser la única manera de expresarlo.

Para el varón, el miedo importante es contagiarse una enfermedad de transmisión sexual. Otro dos de los mayores temores pasan por la propia performance en el acto amatorio:

  • la eyaculación precoz, lo que genera que el encuentro termine de manera súbita y que la pareja no logre llegar al clímax tan deseado.
  • como lo expresamos antes, uno de los temas sensibles para el sexo masculino es el tamaño del pene
  • temen las comparaciones de las mujeres con anteriores amantes.
  • temen que, al estar desnudos, su pareja no los encuentre atractivos, o descubran alguna característica de su cuerpo desalentadora.

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